Como empezar con este tema. Primero que nada, lo que me llevó a contarlo fue la necesidad que puso el Señor en transmitir lo importante del perdonar para poder seguir creciendo en el Espíritu.
Cuando el Señor plantó este tema en mi corazón, comencé a preguntarle el porque de este tema y me presentó la siguiente lectura: Lucas 23, 33-34 “Cuando llegaron al lugar llamado del Cráneo, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Jesús decía: Padre, persónalos, porque no saben lo que hacen. Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos”.
Que increíble e impactante es esto, uno puede pensar y es lo que primero uno piensa cuando lee esta lectura y es decir “bueno, pero Jesús es hijo de Dios” y ese pensamiento es muy cierto pero no es mas hijo de Dios que nosotros, es tan hijo de Dios como tu o como yo y se ha sentido tan solo como tu o yo nos podemos sentir cuando somos atacados o heridos (Marcos 15, 34) “y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz, Eloi, Eloi, lamá sabactani, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”.
A Jesús no solo lo crucificaron por algo que no hizo, sino que además de eso a nadie le importó si era perdonado o no y delante de el mientras el pedía que esa gente sea perdonada ellos seguían repartiendo sus ropas, y diciéndole que su Dios lo baje de la cruz, etc. Seguían hiriendo sin importarles nada.
Y nosotros, ¿porque somos tan sensibles que nada nos cuesta condenar, criticar, ofender, pero a la hora de perdonar o pedir perdón, nos cuesta una eternidad? Tapamos nuestras heridas para que pasen piola y hacer de cuenta que nada pasó pero a la hora de revisar esa herida, ¡cuando la destapamos sale toda la podredumbre, el dolor y nos alimentamos de más dolor y ni se nos ocurre en perdonar a quien tanto nos hirió!
Imagínense que Jesús, crucificado, lleno de dolor por el echo de estar en la cruz, esperando a morir desangrado y así y todo el pudo y pidió que Dios perdonara a toda esa gente que lo condenó y mató, solo por hacer el bien.
También, cuando nosotros herimos a alguien o queremos retractarnos por algún error que hemos cometido, muchas veces en vez de pedir perdón hacemos cosas para retractarnos cuando lo único que aquella persona necesita es que reconozcamos nuestro error y pidamos perdón. En Miqueas 6, 8. el Señor nos dice justamente lo que pretende de nosotros diciendo: “Se te ha indicado hombre, que es lo bueno y que exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios”. No suena complicado, nosotros lo complicamos, pero cuando uno decide ser fiel a su pareja, amigos, o a sus mismos pensamientos, lo podemos hacer, ¿porque entonces, nos cuesta ser fieles a Dios? Si no perdonamos o pedimos perdón no estamos siendo humildes y mucho menos fieles a lo que Dios nuestro Padre quiere para nosotros.
Jesús mismo dijo: “Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán lenguas nuevas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán” (Marcos 16, 17-18). Ese es el llamado a sus discípulos y lo que ellos podrán hacer, a eso estamos llamados nosotros, los que creemos en El. Ahora, ¿verdaderamente creemos que podemos realizar tales cosas?. Lo primero y fundamental es cumplir con lo que El nos pide: “nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios” y no solo nos pide ser fieles, eso es lo llamativo, el los llama a AMAR la fidelidad, uno puede ser fiel porqué le enseñaron de chico a que tiene que ser fiel, o porque no queda otra pero el Señor nos llama a ser fieles pero porque AMAMOS la fidelidad y para ser fieles es fundamental el PERDÓN.
Lo segundo es saber y convencerse de que Jesús está vivo, resucitado y que en SU nombre realizaremos tales cosas y cosas mayores y pidámosle con confianza, convencidos de que lo que estamos pidiendo El lo está haciendo. Digámosle, Señor sana mis heridas, abre mis ojos, muéstrame las heridas que tengo que sanar, a quien debo perdonar y a quien debo pedir perdón. Abre mi corazón para recibir y aceptar el perdón y dame la humildad necesaria para poder ir a pedir el perdón por el daño que he causado sin querer hacerlo. Espíritu Santo, dame la sabiduría para evitar condenar a aquel que se equivoca y la sabiduría para poder corregirla sin causarle dolor.
Por ultimo, cuando una persona nos cause dolor, antes de condenarla y llenarnos de rabia, te invito a que repitas la oración que Jesús mismo nos enseñó: Padre nuestro, que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día y PERDONA NUESTRAS OFENSAS ASI COMO NOSOTROS PERDONAMOS A QUIEN NOS OFENDE y NO nos dejes caer en la tentación mas líbranos del mal.
Amén
heidy carolina ortiz ladino escribió,
mayo 3, 2011 @ 6:32 pm
me gustaria por favor vfavor q me eliminaran mi comentario q publiq el anterior