La corriente del mundo nos hace la misma pregunta. Inicialmente, cuando leemos, o nos hacemos esta pregunta, podemos tender a asociarlo con el conocer físicamente a nuestra pareja. Algunos se atreven a decir que es imprescindible primero probar la compatibilidad sexual antes de casarse y, finalmente nos encontramos con muchos desenlaces hoy comunes entre todos nosotros: separaciones a los meses o años de recién casados, personas que nunca están conformes con su pareja, carencia de plenitud en la relación de pareja, y esto es obvio, pues, por una parte, esperamos que la otra persona satisfaga todas nuestras necesidades y eso es imposible, solo es un humano igual que nosotros y, por otra parte, es probable que conozcamos hasta el más intimo lunar del cuerpo de la otra persona pero puede que no conozcamos lo mas mínimo de su alma, su sentir, su manera de ver la vida, sus heridas, sus soledades, dolencias , necesidades, etc.
Dios nos plantea un desafío mayor y quisiéramos anticipar ese desafío con una pequeña descripción de lo que cada uno conoce por composición antropológica humana. Digamos que, cada persona está compuesta por 3 partes:
1-. Cuerpo-. Es la parte exterior de cada persona, la parte física, que podemos percibir a través de los sentidos, lo que se puede tocar, oler, mirar, gustar y oir. Al nivel del cuerpo tenemos dolencias, enfermedades, roturas de huesos o heridas, etc. Y, muchas veces cada uno de nosotros hace girar su propia vida en torno a este nivel, o sea, vive en función de: me duele esto, no me gusta esto de mi cuerpo, me visto así, me veo así, me siento gord@, me siento flac@, me cuido, hago deporte, tengo hambre, me duele una muela, la cabeza, estoy cansado, etc. Y muy común encontrarse con personas que no salen (o salimos) de esta sencilla y superficial realidad.
En la pareja puede pasar lo mismo, podemos basarnos solamente en algo superficial, físico, de satisfacción momentánea y superficial, relacionarse desechablemente.
2-. Alma-. Es la parte del sentimiento, de nuestros recuerdos, nuestras memorias (tenemos memorias en cada uno de lo que sentimos, registro de olores, de texturas, de sabores, etc). Aquí se deposita nuestra “caja negra”, como los aviones, en donde están todos nuestros recuerdos, los del consciente (que recordamos regularmente) y los del inconsciente (que bloqueamos porque fueron muy dolorosos o porque éramos muy pequeños). En este nivel ya son muchas menos las personas con la libertad de abrir su corazón, su alma.
En la pareja, lo mismo. Muchas veces, por miedo (el gran enemigo del amor) nos cuesta muchísimo abrir nuestro corazón, quizás porque ya se han burlado de nosotros, quizás porque no lo aprendimos de nuestros padres o modelos, quizás porque hay algo más profundo que nos frena.
3-. Espíritu-. Es la parte más profunda de la persona, la biblia dice que Dios creó al hombre del barro, cada partecita de su cuerpo pero, para que tuviese vida, “sopló sobre él”. A esto es lo que llamamos “soplo de vida”, a esa intervención de Dios para que cada uno de nosotros VIVA. De hecho, cada uno de nosotros vive porque Dios nos soñó, se tomó su tiempo, vió que éramos buenos y… chachaaaan, nos creó (tema de otro capítulo). Pero de esto podemos rescatar de que, en lo más profundo de nuestro ser somos netamente espirituales, y no solo eso, sino que, tenemos vida porque el Espíritu de Dios está en nosotros, somos netamente de Dios, somos profundamente Espíritu de Dios. Esto, además, del porqué el hombre siempre está en permanente búsqueda y nunca está satisfecho o quieto hasta que encuentra a Dios, porque encuentra su origen.
Personas que hablen en el Espíritu, son aun mas escasas, incluso entre los que comparten nuestra fe en Jesús.
A nivel de pareja, como comentamos anteriormente, una pareja que vive en comunion de Espíritu, vive en Dios y vive en plenitud.
El Desafío
El desafío que nos plantea Dios es que:
Primero, nos encontremos profundamente con quien nos creó y que nuestro espíritu sea uno con el Su Espíritu. Esto parte de conocer cuánto nos ama Dios, vivir su amor y dejarnos amar y sanar por Él.
Segundo, dar vuelta la secuencia de conocerse que propone el mundo (cuerpo->alma->espíritu) por la que proponemos como hijos de Dios (espiritu->alma->cuerpo)
Esto nos trae los siguientes beneficios:
· Conocer profundamente a la persona que amamos. Esto es más determinante que tener buen sexo, esto es conocer lo más preciado, los tesoros del corazón de nuestr@ amad@.
· Ser factor de SANACION para la persona que amamos. Quien conoce profundamente a la persona amada, se preocupa por él, conoce las heridas de su alma y ora al Señor por sanación. En algunos casos se llega a compartir experiencias sexuales traumáticas de relaciones anteriores o de abusos que, si no se sanan, puede ser un gran problema para el desarrollo del matrimonio, pero Dios abre esta propuesta justamente para plenitud de todos.
Ser agente activo de SALVACION para la persona que amamos. Cada uno descubrirá que los más grande y trascendente es que al final de nuestros días, vayamos a los brazos de Jesús, por lo que se ora siempre por la salvación.