“Esto dice Yavé a estos huesos: Haré que entre en ustedes un espíritu y viviran. Pondre en ustedes nervios, hare que brote en ustedes la carne, extenderé en ustedes la piel, colocaré en ustedes un espíritu y vivirán: y sabran que yo soy Yavé”.
Este testimonio fue escrito a raíz de un trabajo sobre las competencias emocionales en un ramo de liderazgo de mi Universidad y le escribí a mi profesor que es psicólogo de cómo Jesús y su inmenso amor me sano de alcoholismo:
“Quisiera compartir con usted un testimonio personal que tiene que ver mucho con el auto conocerse y con la empatía. Puede que algún día le sirva.
Primero contarle que hasta hace 2 años atrás yo era alcohólico y haber salido de esto tuvo estos dos pasos, el auto conocerse y la empatía.
El autoconocimiento de mi parte y la empatía de quien es el principal hoy en mi vida, de mi líder y mi amor Jesucristo.
En mi juventud, desde muy chico ya tomaba, aproximadamente desde los 13 años, pero no eran solo las travesuras típicas de esa edad sino que tenia que llegar a embriagarme, lo que en corto tiempo ya me tenia preso por primera vez a los 14 años. Mi familia es de buena situación pero uno siempre tiene excusas para tomar. Durante todo este tiempo hasta los 21 años fue un sufrimiento y un dolor de cabeza para mis viejos, primero porque vez que salía me pasaba algo y estaba tomando permanente, o sea mínimo un litro de cerveza diario. Desde la básica a uno le enseñan que cuando tiene que tomar una vez a la semana hay un cierto grado de alcoholismo, pero no lo quería asumir, porque es lo mas normal en la Universidad.
Paralelamente vivía también un proceso de acercamiento a la iglesia pero no estaba dispuesto a dejar nada por la causa de Jesús.
En febrero de 2004 en una de las salidas con mis amigos, entre trago y trago nos asaltaron y fui apuñalado. Mi riñón se salvo por 5mm y muchas de las cicatrices que tengo son por ese hecho. Estuve enojado con Dios primero por haber permitido ese hecho en mi vida, por haber dejado que mi familia sufriera. Enojado con mis amigos porque me habían dejado solo. Enojado con carabineros porque me llevaron preso, en fin, resentido con todo. Y estuve 3 meses renegando contra todo y contra mí también.
A medida que pasaron esos 3 meses el Señor se fue acercando a mi de una manera sutil, como solo El lo sabe hacer, y me fue enseñando de que todo lo que yo viví El nunca lo hubiese deseado para mi, pero que El me dio el libre albedrío y que yo había optado por tomar y las consecuencias son muchas veces tristes. Jesús me fue mostrando que El vivió cada apuñalada conmigo, de que me acompañaba aun cuando yo no lo llamaba porque me ama. De que también quería una mejor vida para mí y lo más difícil también para mí fue entender y aceptar de que El también amaba a quienes me habían hecho daño. Y mi vida comenzó a cambiar no por mi fuerza sino por su amor, porque me enseño y me mostró su amor y de que puedo ser feliz junto a su amor. El fue y es el más empático del universo pues vive el dolor de cada persona hoy, porque esta vivo. Y prueba de que es empático es haberse dejado crucificar como un ladrón sin serlo. Pero fue empático hasta con el más bajo de los que en la tierra vivimos.
Aun así, yo no podía dejar de tomar. Al tiempo ya conocía a Dios y su amor, pero mi dependencia del alcohol no me dejaba.
Hasta que en un retiro (Encuentro con Jesús de Septiembre del 2004, Temuco) me decidí por reconocer que tenía un problema y que yo no podía solucionarlo, este retiro es de sanación interior y el poder del amor de Dios se manifiesta fuertemente.
En una oración que hacían por nosotros yo le entregaba este peso a Jesús, que yo no lo podía solucionar, y la hermana que dirigía la oración dijo. Pídanle al Espíritu Santo que les muestre cual es la raíz de tu problema.
Entonces se lo pedí al Espíritu Santo y como en un sueño me llevo a una casa solitaria en donde vi a un anciano como de 70 años tirado en el suelo, estaba muerto, abandonado y se veía que era alcohólico. Una certeza en el corazón me hizo entender que esa persona era mi bisabuelo paterno que, después conversado con mi papá, supe que había muerto abandonado en una casa porque era alcohólico y nadie en la familia lo soportaba.
Supe entonces que mi alcoholismo era hereditario y le dije a Jesús, “Señor mío sáname desde la raíz y sana también aunque ya este muerto a este bisabuelo y a todos en mi familia a quienes le afecta esta herencia”. Entonces le pedí un texto al Señor y el texto fue Ezequiel 37,1-6 “…¿Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos? Respondí: Yavé, tu lo sabes. Me dijo: “profetiza con respecto a estos huesos, les dirás ¡huesos secos, escuchen la palabra de Yavé! Esto dice Yavé a estos huesos: Haré que entre en ustedes un espíritu y vivirán. Pondré en ustedes nervios, hare que brote en ustedes la carne, extenderé en ustedes la piel, colocaré en ustedes un espíritu y vivirán: y sabrán que yo soy Yavé”
En ese momento supe que el Señor sanaba desde mi bisabuelo. El Señor obró con poder y caí dormido.
Al día siguiente terminó el retiro y fui a mi casa, y desde ahí que ya no bebo, no por fuerza mía sino que ya no está ese deseo incontrolable o esa costumbre que era mas fuerte que yo. Jesús cortó esa herencia en mí para siempre. Hoy puedo compartir un trago sin temor a que después no podré pararme, pues me tomo solo uno. Pero para volver al tema, es muy importante en mi vida haber reconocido mi debilidad y que necesitaba ayuda y llegó a mí la mejor ayuda. He aquí el autoconocimiento y cuando fallo ya no me auto condeno tanto, pues se que Jesús me ama tal como soy y a usted también.
Créame profesor que no hay ni una sola enfermedad de las que le llegan a usted como psicólogo que Jesucristo no pueda sanar. Él está vivo y lo digo con toda propiedad pues me sanó y para siempre.
Espero este testimonio le sirva y de muchos frutos, pues hoy en mi iglesia católica el Señor esta haciendo esto y mucho mas con su amor”.
Fernando